Si trabajas con niños o adolescentes —desde el aula, el despacho de orientación, una consulta privada o la dirección de un centro— probablemente ya sepas que la etiqueta "conducta disruptiva" se usa mucho y se define poco. Este artículo intenta lo segundo.

Qué es exactamente la conducta disruptiva

Perinat (2003) la define como el conjunto de conductas inapropiadas que retrasan o impiden el proceso de enseñanza-aprendizaje, convirtiéndose en un problema de rendimiento que puede agravar el fracaso escolar.

Gotzens (1986) clasifica las conductas disruptivas en cinco grupos: motrices, ruidosas, verbales, agresivas y de desatención a la tarea (Orellana-Román & Ruiz-Garzón, 2024).

Tres rasgos suelen estar presentes: Frecuencia (se repite), Impacto en el grupo (afecta a la clase entera) y Función (la conducta tiene un propósito para quien la emite, aunque no sea consciente).

El paso que casi siempre se salta: el análisis funcional

El análisis funcional (modelo ABC) propone observar: antecedente (qué pasa antes), conducta (acción observable) y consecuencia (qué pasa después) (Skinner, 1953; Froxán Parga, 2020). Evita explicaciones circulares ("se porta mal porque es así") y las sustituye por preguntas operativas sobre qué mantiene la conducta.

Un registro ABC de 5-10 episodios suele revelar el patrón funcional con claridad.

Niveles de intervención

Los marcos PBIS/MTSS organizan la intervención en tres niveles (Understood.org, 2023; iris.peabody.vanderbilt.edu, 2026):

Nivel 1 — Ajustes universales. Anticipar la tarea, instrucciones cortas, alternativas de elección. Resuelve la mayoría de los casos.

Nivel 2 — Apoyo dirigido. Plan de conducta individualizado, coordinado entre tutor, orientador y familia.

Nivel 3 — Evaluación psicopedagógica formal. Cuando el patrón persiste o hay sospecha de necesidad educativa de base.

Saltar al Nivel 3 sin agotar el 1 y el 2 es el modelo de "esperar al fracaso" que la literatura describe como injusto y sesgado (Gresham, 2007).

Qué NO es conducta disruptiva

Una reacción emocional puntual, una respuesta a un aula inadecuada, o una dificultad de aprendizaje no detectada no son "conducta disruptiva" en sentido clínico — son señales que piden mirar el contexto.

Para llevarlo a la práctica

Un registro ABC simple durante una o dos semanas es la herramienta más informativa que existe. La parte que más tiempo consume no es observar, sino estructurar esa observación en un informe claro — ahí tiene sentido apoyarse en herramientas que ordenen y redacten el borrador, sin sustituir el criterio de quien ha estado delante del caso.

Referencias

  1. Froxán Parga, M. (2020). Análisis funcional de la conducta. Cebralista. https://cebralista.es/analisis-funcional-de-la-conducta-conceptos-basicos/
  2. Gotzens, C. (1986). La disciplina en la escuela. Pirámide.
  3. Gresham, F. (2007). Citado en De la evidencia al aula. https://delaevidenciaalaula.wordpress.com/2025/07/24/el-modelo-mtss-sistema-de-apoyo-multinivel-que-es-por-que-es-clave-y-como-aplicarlo-en-tu-centro-educativo/
  4. Orellana-Román, I., & Ruiz-Garzón, F. (2024). Revista Colombiana de Educación. https://revistas.upn.edu.co/index.php/RCE/article/view/16489
  5. Perinat, A. (2003). Citado en Monografias.com. https://www.monografias.com/trabajos109/conductas-disruptivas/conductas-disruptivas
  6. Skinner, B. F. (1953). Science and Human Behavior. Macmillan.
  7. Understood.org (2023). https://www.understood.org/es-mx/articles/what-is-pbis
  8. Vanderbilt University, IRIS Center (2026). https://iris.peabody.vanderbilt.edu/es/module/bi2-elem/cresource/q1/p01/